sábado, 24 de febrero de 2018

Margaret Atwood (1939 )

El último poema


En esta noche las palabras caen de mí como la ropa
que se tira al suelo al desnudarse, como si no
hubiera mañana, y es que no hay mañana.

Un día, al ascender al monte o en la autopista,
en medio de las ráfagas de aire,
detienes la escalada o paras el coche y sabes que nunca
                                                                    [llegará allí.

Sigo tumbada en un sofá azulado, sorbiendo cubitos de
                                                                              [hielo,
mientras mis amigas y las amigas de mis amigas,
                                                                         [y mujeres
que apenas conozco caen enfermas de cáncer.
Una cada semana, cada minuto; todos hablamos de este
                                                                                 [tema.

Lucho contra la plaga, me cepillo los dedos con esmero,
espero no contagiarme; me pregunto cómo
despedirme dignamente y no entre lágrimas.
Hay golpes de suerte, es cierto, pero no abundan.

Mientras tanto, sigo sentada aquí a tu lado, sin futuro:
en un segundo algo se rasgará como una cuerda o una
                                                                        [cremallera,
o el tiempo se deslizará cual grieta en roca de granito
y los hogares, las sillas, los amantes, se desmoronarán
                                                       [con un largo temblor.

He aquí tu mano que surge de los escombros.
La toco, todavía vives;
daría cualquier cosa para que sucediera esto,
para mantenerte viva junto a mí, pese al naufragio.

Te cojo la mano como esperando tu rescate,
y esa sola acción brilla como la suerte misma.
Porque no hay nada más que pueda hacer, ya no hago
                                                                             [nada.

Hablamos de una mesa y de dos vasos,
de dos manos, de una vela, y detrás de las cortinas cerradas
un paisaje abrasado en el que árboles y edificios aún
                                                                              [arden.
Cada poema que escribo es el último y eso pasa con éste.


("historias reales", bruguera, barcelona, 2010,  trad. maría del pilar somacarrera íñigo)

viernes, 23 de febrero de 2018

Baudelio Camarillo (1959 )

Nocturno



El mar extiende su victoria en la lluvia
y hay más de sal que de agua
en esta oscuridad.

Me ahogo y pido a gritos
una barca en medio de la noche.
Hay un oleaje oscuro ciñéndome la piel,
cristales que se quiebran por el peso de esta agua,
ecos de algún tambor sonando bajo el mar.

Ah, si la lluvia viniera de otra forma,
si me dejara al menos esconder el pasado
en mi traje de fiesta;
si no fuera silencio cuanto mis manos tocan.
Pero no puedo más que esta oscura raíz.
mi tristeza es más ancha que los cinco sentidos,
hay ahora más yerba marchita en mis palabras
y esta gotera que cae dentro del pecho
sobre los restos de unas campanas rotas.

¿Qué ventanas abrir? ¿Hacia qué sueño?
¿En qué espejos de luz sumergir estos labios?
Hay la lluvia que cae
y hay la lluvia que silenciosamente nos corroe.
Es el mismo veneno
aquí, a esta hora,
cuando tinta y ceniza son una misma sangre
y al eco de algún trueno
tiembla el alma


(muro fb del autor)

jueves, 22 de febrero de 2018

Gerardo del Río (1962 )


Siete poemas


IV-2

Errático en las sábanas
en mares de algodón
donde la estrella que me guía
es tu aliento


("siete poemas", ed. cecilia cartonera, zac. méx., 2018)

miércoles, 21 de febrero de 2018

Óscar Édgar López (1984 )

El traje de los días


XVI

Conocí en un rave a una  chica loca:
dos piernas de pollo sin pechuga,
con listón cobijaba su cabeza,
sin calzones cruzaba la avenida.
Le pintaron un retrato:
boca morada ojos de loca,
una teta para Chihuahua;
la otra de malvavisco.
Tuvo una mascota de sesenta años
que conducía y cocinaba
y se llevaba de perlas con papá.
Un gato resacoso le rumiaba los pies,
chinches de ojos azules le decían qué hacer.
Conocí a una chava loca
una vez en un rave.
No la llamé entonces,
ni la llamaré después,
era una chava hueca
como la cáscara de una nuez.


("el traje de los días", coedición ´fragmento celeste' y 'mejorana', zacatecas, méxico, 2018)

martes, 20 de febrero de 2018

Catalina González Restrepo (1976 )

Jardín


Entre cortinas espesas y camas altas

habitamos el palacio del encierro.



No abandonaré este recinto,

nunca saldré desnuda a los campos

ni te besaré frente a los comensales.



Sólo en la soledad de nuestros cuerpos

te amaré,

con gotas en los labios.



Exprímeme

déjame el vaso vacío a mí

bebe de mi sed



¿y si la muerte llega de pronto

e ilumina un cuarto oscuro?



Inventario

Esta casa
que tantas noches albergó millones de almas,
tu amor por las cosas inservibles,
mi terquedad por conservar lo podrido,
ya ni puede ser habitada por mi hastío.

Cambio los objetos de lugar
para nunca encontrarlos,
compro otra marca de jabón y crema de dientes
para que no quede ningún olor, ningún rastro.
Abro las cortinas en noches sin luna,

los insectos podrían traer luz a esta casa.



("círculo de poesía" y "no me quites paz")

lunes, 19 de febrero de 2018

Rodolfo Edwards (1962 )

en el transcurso de cincuenta metros...



en el transcurso de cincuenta metros
y con diferencia de minutos
contemplé dos besos apasionados:
el primero
en la esquina de Perón y Callao
fueron dos besos largos
profundos
con intención de eternizarse
en una humedad
de lenguas permanentes
el segundo
en la entrada de un departamento
cerca del restaurant Cervantes
este beso fue cortito
pero inmensamente cariñoso
como una especie de resumen
o frasquito de azafrán
o jugo para diluir

la ciudad se arrodilló
ante los besadores
recuperó la esperanza
y desde el cielo
Dios guiñó un ojo
y todo se apagó de repente
pero se volvió
a encender enseguida


("otra iglesia es imposible")

domingo, 18 de febrero de 2018

Margaret Atwood (1939 )

A medianoche


A medianoche me despierta la lluvia, un aguacero,
el viento azota las hojas, orejas
enormes, plumas enormes,
como un animal perseguido, un perro
gigantesco o un cerdo salvaje. Truenos y ventanas
que se estremecen; del tejado metálico
cae una tromba de agua.

Estoy tumbada bajo el mosquitero,
enredada en una tela húmeda, el pelo lleno de sal.
Cuando escampe habrá luciérnagas
y estrellas, más brillantes que en cualquier lugar;
podría contemplarlas en momentos
de pánico. Están a años luz, si lo piensas.

A la porra la poesía, es a ti a quien deseo:
tu sabor, la lluvia
en tu cuerpo, mi boca en tu piel.


("historias reales", ed. bruguera, 2010, trad. ma. pilar somacarrera íñigo)