martes, 3 de mayo de 2011

APUNTES SOBRE LA ENFERMEDAD

Agosto de 2009. Consulta con el hepatólogo en el Hospital Muñiz. En los primeros análisis que me mandó a hacer, dieron positivas las hepatitis B y C. Me da más órdenes para hacer más estudios. Le pregunto si tengo que hacer alguna dieta. "Cero alcohol" me contesta. Me voy sabiendo que "cero alcohol" no voy a poder. Cuando se lo comento a mi infectólogo, él concede: "Tomá solamente vino tinto". Yo sigo tomando lo que sea, pero mucho menos. Resuelvo, en favor de poder seguir tomando alcohol, suspender los alimentos que por saber popular se evitan cuando se está mal del hígado: fritos, chocolate... Empiezo a tomar té de cardo mariano, un reconstituyente hepático.


Septiembre de 2009. Se me pasaron los turnos de los análisis que tenía que hacer. Me da pereza volver al hospital para pedirlos de nuevo.

Febrero de 2011. Pasaron tres años desde la última visita al hepatólogo. Me siento cansado, solo quiero dormir. Pienso que tal vez se deba a la hepatitis. Vuelvo al servicio de Hepatología del Muñiz con las órdenes de análisis vencidas para ver si me pueden actualizar las fechas. "No se puede, tenés que sacar turno para el doctor", me dice la empleada pública "¿Y para cuando hay?" "Para el 3 de mayo". Me caracterizo por mi testarudez, que resulta muy útil para nadar contra la corriente de la burocracia. "¡Faltan más de dos meses! Me siento mal –insisto con carita de compungido y sin perder la calma– Lo único que necesito es actualizar las fechas de las órdenes." La empleada pública afloja: "Lo que podés hacer para que te atiendan hoy es pasar por la guardia y que te deriven desde ahí". Voy a la guardia y me sorprende la facilidad con que consigo la derivación, vuelvo orgulloso de mi proeza burocrática. Me atienden dos médicas jóvenes que me hacen todo el papelerío de nuevo. También me dan una nota para mi médico infectólogo: tengo que cambiar el cóctel de drogas por uno que además de reducir la carga viral del HIV reduzca la carga viral de la hepatitis. La doctora me recomienda uno muy eficaz, son solamente dos pastillas a la noche: Truvada y Efavirenz. Salgo y consigo los nuevos turnos: 29 de marzo para los análisis de sangre, 3 de mayo para el hepatólogo, 31 de mayo para la ecografía. Encuentro al hepatólogo en el pasillo y le cuento que el turno para la ecografía es posterior al turno con él. "No importa, dice, vení con lo que tengas, lo importante por ahora es que vayas al infectólogo para cambiar el cóctel."
Llego a mi casa y busco efavirenz en google para ver los efectos secundarios: sarpullido, vértigo, insomnio, falta de concentración, somnolencia, sueños vívidos o intensos, ansiedad, depresión, nerviosidad, depresión grave, intentos de suicidio, comportamiento agresivo, alucinaciones, paranoia y síntomas similares a los de la psicosis. Solo la idea de tomarlo me hace entrar en pánico.


(La última vez que le llevaste los resultados de tus análisis al médico del consultorio del doctor Simi, $25.00 de la misma, de: próstata, triglicéridos, etcétera, se alteró al responder a su pregunta, ¿hace cuánto que se hizo el último exámen de próstata, un año? No es necesario hacérselos tan seguido, mejor hágase uno de VIH-Sida. Trataste de conservar la serenidad, de no responderle: ¿Y a usted qué chingaos le importa? Por supuesto te puso a dieta, te prohibió carbohidratos, tortillas, grasas, refrescos, etc., etc. Ya no volviste. Nota de Pablo Pérez, "Diario de la hepatitis", reproducida del diario argentino Página 12, suplemento Soy.)

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