martes, 8 de mayo de 2012

Mark Strand (1934 )

Hombre y camello

La víspera de mi cuarenta cumpleaños
estaba sentado en el porche fumando
cuando, de forma inesperada,
aparecieron un hombre y un camello.
Al principio, ninguno dejó escapar ningún sonido,
al principio, pero mientras vagaban calle adelante
hacia las afueras de la ciudad empezaron a cantar.
Lo que cantaban, sin embargo, sigue siendo un misterio para mí:
las voces eran confusas y la melodía
era demasiado recargada como para recordarla. Se fueron
al desierto, y al andar las voces
se elevaban al unísono sobre el sonido de criba
de la arena que traía el viento. La maravilla de su canto,
la mezcla imprecisa de hombre y camello, parecía
una imagen ideal de todas las parejas poco comunes.
¿Era ésta la noche que había estado esperando
durante tanto tiempo? Quería creer que sí,
pero, justo cuando desaparecían, el hombre
y el camello dejaron de cantar y regresaron
al galope a la ciudad. Se detuvieron ante el porche,
se me quedaron mirando con sus ojillos brillantes y dijeron:
“Lo has estropeado. Lo has estropeado para siempre”.


(texto tomado del blog "rima interna", de Martín López-Vega, en diario El Mundo, traducción de Dámaso López García.)