sábado, 19 de abril de 2014

Carlos Drummond de Andrade (1902/ 1987 )

La flor y la náusea


Preso de mi clase y de algunas ropas,
voy de blanco por la calle gris.

Melancolías, mercancías me acechan.

¿Debo seguir hasta el asco?

¿Puedo, sin armas, revolverme?


Ojos sucios en el reloj de la torre:
No, el tiempo no alcanzó la justicia completa.
El tiempo aún contiene heces, malos poemas, alucinaciones y espera.
El tiempo pobre, el poeta pobre
se funden en el mismo impasse.

Intento explicarme en vano, los muros son sordos.
Bajo la piel de las palabras hay cifras y códigos.
El sol consuela a los enfermos y no los renueva.
Las cosas. Qué tristes son las cosas, consideradas sin énfasis.

Vomitar ese tedio sobre la ciudad.
Cuarenta años y ningún problema
resuelto, ni siquiera encarrilado.
Ninguna carta escrita ni recibida.
Todos los hombres vuelven a casa.
Son menos libres pero llevan periódicos
y deletrean el mundo, sabiendo que lo pierden.

Crimenes de la tierra, ¿cómo perdonarlos?
Tomé parte en muchos, otros los escondí.
Algunos los encontré bellos y fueron publicados.
Crimenes suaves, que ayudan a vivir.
Ración diaria de error, distribuida en casa.
Los feroces panaderos del mal.
Los feroces lecheros del mal.

Meterle fuego a todo, incluso a mí.
Al niño de 1918 le llamaban anarquista.
Sin embargo mi odio es lo mejor de mí.
Con él me salvo
y doy a pocos una esperanza mínima.

¡Una flor ha nacido en la calle!
Pasen de largo, tranvías, autobuses, río de acero del tráfico.
Una flor incluso descolorida
elude a la policía, rompe el asfalto.
Guarden completo silencio, paralicen los negocios,
garantizo que ha nacido una flor.

Su color no se percibe.
Sus pétalos no se abren.
Su nombre no está en los libros.
Es fea. Pero es realmente una flor.
Me siento en el suelo de la capital del país a las cinco horas de la tarde
y lentamente paso la mano por esa forma insegura.
Del lado de las montañas, nubes macizas se adensan.
Pequeños puntos blancos se mueven en el mar, gallinas en pánico.
Es fea. Pero es una flor. Atravesó el asfalto, el tedio, el asco y el odio.


(fuente: "la mirada del lobo", versión de Andrés Vara.)

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